Silencio

La respuesta a la pregunta que tanto le atormentaba, al final, la encontró más cerca de lo que pensaba.

Largo rato había estado sentado, solo, en silencio, harto de llorar.

“Será mejor que me vaya”, resolvió.

La huida no le causaba miedo.

Abandonar ese lugar, esa locura ciudadana.

Dejar las calles que le vieron crecer, olvidar a la familia, a los amigos.

El daño irreparable de la partida.

La vida era, al final, muy poca cosa sin Lucía.

Miserable, se lanzó al mar, sin resistencia, las olas lo arrastraban hacia el fondo y en el mismo impulso lo lanzaban hacia afuera.

Y en su último suspiro, recordó la primera vez que la vio.

“Cobarde”, dijeron algunos.

“Desesperado”, lo llamaron otros.

“Egoísta, atormentado, pobre desconsolado”.

Qué dirá el silencio.

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